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"E N T R A D A___________D E S T A C A D A"

Carta III

LA APARICIÓN DE UN BLOG ---Es la tercera carta que voy a enviarle. No me responde. Un escritor con una regla inviolable, no responder a cartas de lectores. Me empecino. Sé, por sus crónicas, que una vez lo hizo, sucumbió. Escribo y leo desde siempre pero últimamente se volvió necesidad. Se lo conté en la primera carta cuando respondí a los lineamientos que definen su taller de escritura, el formato, el importe. No tengo un centavo. La condena mundial a cuatro paredes me dejó con una economía en muy mal estado y la necesidad de escribir, eterno fantasma acechante, se volvió imperiosa.      Le tendí una trampa. Él pedía un relato sobre mi relación con la literatura de una carilla, lo hice pero sobre el final expliqué que no podía pagar y que el formato de presencia virtual que ofrecía me era inabordable, que imaginaba una suerte de entregas y devoluciones. Tendí la trampa porque me acompaña el -tal vez- delirio, de ser su protegida. Una figura olvidada por el mundo del arte, en otras épo

Una discusión con la regla en contra del narrador psicólogo.

    DE VERDADES Y OTRAS FICCIONES Nosotros no somos terrones de arcilla, lo importante no es lo que se hace de nosotros, sino lo que hacemos nosotros mismos de lo que han hecho de nosotros. Jean Paul Sartre   Hacía casi un año que no escribía cuando salí de una sesión de análisis en la que ella hizo algo que no había hecho nunca. Era un día diáfano en el que había tomado la decisión de que en vez de plantear un problema a resolver, una angustia o un sueño, iba a hacer el recuento de los hitos logrados hasta entonces, sonaba merecido. Por tanto conversamos sobre cómo había cerrado poco a poco varios duelos que el azar decretó presentarme en conjunto, de lo bien que me comportaba conmigo, lo a gusto que me sentía y de cómo había sido capaz de aprovechar esos duelos como soporte de transformación. Fue a principios de agosto, se escuchaban los chingolos retomar tímidos su trino y cierto sentimiento de primavera se colaba por una ventana abierta en altura, un viento amable movía

Brindar por la muerte

  LA MURALLA ( Un monólogo anacrónico posible ) Recuerdo todavía que nosotros, niños aún,   nos agrupábamos en el jardín del maestro para levantar con piedritas una especie de muro,   y que el maestro se remangaba la túnica, arremetía contra el muro, lo hacía pedazos y vociferaba tan fuertes reproches acerca de la fragilidad de la obra   que nosotros huíamos llorando en busca de nuestros padres. Franz Kafka, La Muralla China   Ya está Negro, ya lo hice. Era lo que tenía que hacer al final. Era lo mejor. Ahora estoy más tranquilo ¿sabés? Tranquilo como tiene que estar un tipo. Ella quizá piensa que soy eso que dicen ahora, un macho patriarcal. Viste lo que piensan las minas, no se entiende Negro. Pero mirá que me atrae toda la perorata feminista. Las minas empoderadas me calientan. Pero después viste lo que pasa. Las querés atar, porque una vez que te conquistan ¿qué sabés? Tan empoderada estás que ¿qué vas a hacer?, ¿vas a andar por ahí? No pude con eso Negro. La mi

Frente al Cementerio

  EL ESQUIVO ¿Por qué, por qué buscar si nada existe que no tenga los sellos de lo vano y la triple coraza de lo esquivo;   por qué, alma mía, erraste dulce y triste, queriendo hacer humano lo inhumano, queriendo ver la vida en lo no vivo?   Julio Cortázar   Comenzaba el otoño y caminaba con rumbo definido a paso firme aunque no tenía la menor idea de hacia dónde se dirigía. La mente a kilómetros de su cuerpo obediente a un sinfín de rituales aprendidos de memoria que dictaban el hacer diario, una constante de resultado aterrador.   Lo dejaba a merced de una soledad despiadada aunque conocida, de algún modo plácida. Se sabía a sí mismo, un espejo construido sin grietas. Sabía exactamente qué hacer para encontrarse a última hora de cada día con la tarea cumplida. Días eternos transcurridos sin fisuras. Un parecer, desplegado a la perfección, nunca ser. La distancia a la que dejaba vagar su mente le permitía el prodigio de verse sin pensar. Entregarse al juego de s

La Búsqueda en lo Visceral II

  UN CORSO A CONTRAMANO Viene el corso a contramano y yo cruzo en diagonal. Entre locos de verano soy el único esquimal. María Elena Walsh (Canción Neurótica)   En todos y cada uno de nuestros encuentros, en algún momento de la charla, mi abuela se agarraba la cabeza con ambas manos y decía: -¡Tenés un corso a contramano! Era alta, flaca, dulce, tan despiadadamente bella, tan irónica y graciosa. Yo reía con una risa cómplice. Su frase me llevaba a alguna calle de un Brasil que sólo conocía de los miles de relatos de su hijo, el tío eternamente joven, con las carrosas y las mujeres exuberantes de lentejuelas y plumas de colores interminables, que iluminaban una larga noche de varios-días-en-vela. Entre el gentío, advertía una marea humana en otro sentido, robusta, brillante, aguerrida, desordenada, un poco atolondrada pero de ningún modo desorientada, decidida, que se escabullía a contramano   de   una corriente que se movía cual dique liberado al ritmo de la descontención

Crónica de un querido perdedor.

  NO QUEDA NI UN FASO EN LA MESA(*) “…yo no quiero seguir siendo Jorge Luis Borges, yo quiero ser otra persona. Espero que mi muerte sea total, espero morir en cuerpo y alma.” J. L. Borges ‘La inmortalidad’ (fragmento)   El tipo tenía un bar de barrio que conservó hasta su muerte. El bar, tenía a un tipo de barrio hasta que murió. El tipo, fue el bar del barrio hasta su muerte. Tendría unos cincuenta y seis años y aparentaba por lo menos sesenta y cinco, muy flaco, el abdomen un poco hundido, un tórax que dejaba ver las costillas que se adivinaban a través de la camiseta que llevaba siempre debajo de una pulcra y envejecida camisa de traje blanca en general, tal vez celeste, alguna vez rosa. Pulcritud y pobreza de la mano suelen despertar un sentimiento de cuidado que hunde en el barro de la ignorancia los prejuicios tan extendidos sobre la carencia y descubren una potencia que bucea en la injusticia. Era uno de esos exóticos personajes de la noche porteña, esco